La autora de “La Saga de los Confines” murió a los 59 años

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Por Raúl Acosta

Con tristeza acabo de leer la nota de la periodista Verónica Abdala de Clarin acerca de la muerte de Liliana Bodoc.  No puedo más que compartir con ustedes esta información para decir adiós a una voz que nos introdujo en el mundo mágico de la literatura desde esta patria grande.

 

 

Verónica Abdala

Supo combinar la épica con la historia de las culturas americanas. El éxito le llegó junto con el elogio de la crítica.

La escritora Liliana Bodoc murió en la madrugada de ayer, a los 59 años, mientras dormía, como consecuencia de un paro cardíaco. Acababa de regresar de la Feria del Libro de La Habana. Referente destacada de la literatura fantástica, celebrada tanto en ámbitos académicos como en los círculos de lectores más jóvenes, deja 15 títulos en los que dio forma a un universo propio.

Había elegido vivir junto a parte de su familia –su marido, su hija, un nieto; tenía otro hijo, Galileo- en una cabaña austera de techos azules –rodeadas de otras cabañas pintadas del mismo color-, en el pueblo de El Trapiche, a 30 kilómetros de la Ciudad de San Luis, entre lavandas que perfuman el aire y en medio de un paisaje agreste que es como un cuadro en movimiento. Tenía cierta predilección por la soledad y la escritura le había dado, acaso, la excusa perfecta para vivir en un marco natural, lejos del bullicio y el run run de las apariencias forzadas.

Para llegar hasta su casa a pie hay que cruzar uno de los arroyos que atraviesan el pueblo y alivian la sequía de la tierra: ese fue el lugar en el que forjó en parte una obra monumental, que admiró la propia Ursula Leguin, escritora estadounidense también recientemente fallecida, y referente histórico del género fantástico y de la ciencia ficción.

Inspirada en la lectura de J.R.R. Tolkien, que le impactó de manera imprevista y determinó su predilección por la épica fantástica -antes, en la juventud, se había empapado de los textos de Neruda, Rulfo, García Márquez, Cortázar y Guillén- Bodoc supo crear mundos impregnados de su propia poética, que aludía también a la ética de los derrotados.

La Saga de los Confines, la trilogía que le valió el reconocimiento definitivo, es una aventura literaria que llegó a vender más de 120 mil ejemplares en más de 16 ediciones. En esa ficción, inspirada en la América precolombina, los pequeños actos se entretejen con los épicos, y niños y mujeres son capaces de torcer el rumbo de las cosas. Fue tras su publicación que Leguin le escribió: “Vuelvo a casa de dos viajes. Los suyos me llevan más lejos”. Para construir su trama, Bodoc había dedicado meses al estudio de las culturas originarias del continente. Aztecas, mayas y mapuches.

El primer título de esa saga -y su primera novela publicada-, Los días del venado, apareció en 2000, cuando Bodoc tenía 40 años. La historia se completaría con Los días de la sombra y Los días del fuego.

Aquí, en la Argentina, las comparaciones no se hicieron esperar, y a Bodoc la llamaron “la Tolkien argentina”, y luego “la Rowling argentina”, por sus historias cargadas de magia -también al estilo de la escocesa J.K. Rowling, la autora de Harry Potter- que despertaron fanatismo en los adolescentes. En ambos casos, los lectores –los jóvenes fueron especialmente receptivos- llegaron antes que los críticos.

Bodoc había nacido en Santa Fe en 1958, y creció en un barrio fabril de Mendoza, al que su familia se mudó cuando tenía cuatro años. Su padre era ateo y marxista, profesor de teatro. Cuando ella tenía seis, murió su madre. En ese otro paisaje inhóspito –“devastado”, decía ella– que acompañó el silencio y la falta de respuestas, nació su tendencia a imaginar universos alternativos, y cierta inclinación por el ostracismo voluntario.

Creía, no casualmente, que “para hacer literatura hay que saber callarse a tiempo: en la literatura como en la vida -dijo en una conferencia-, el silencio está cargado de sentidos”.

Había estudiado Licenciatura en Letras en la Universidad de Cuyo –más tarde ejercería como docente de Literatura Española y Argentina en varios colegios de esa universidad-. Su vida y su carrera dieron un vuelco sin retorno cuando se topó con los libros de Tolkien, a quien consideraba su gran maestro: “Me enamoró, se volvió casi adictivo para mí, y me impulsó a escribir. La saga de los confines no hubiera existido de otro modo”, explicó a Clarín en junio pasado, durante una de sus últimas entrevistas con un medio gráfico.

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Para hacer literatura hay que saber callarse a tiempo: en la literatura como en la vida, el silencio está cargado de sentidos, sostenía la autora.

Su última novela, Elisa, la rosa inesperada (Norma), publicada en 2017, inauguraba, decía ella, una nueva etapa en su carrera. La idea original era escribir una obra ligera, de una adolescente que emprende un viaje inciático por el norte argentino, y que le serviría a la propia Bodoc para concretar su primer viaje en soledad. Pero una enfermedad inesperada, que la atacó con violencia después de una visita al cementerio de Tilcara, la asustó al punto de torcer sus planes y su pluma. Su novela terminó siendo un relato en el que la magia –a la que no renunció nunca- se mezcla con problemáticas sociales de una actualidad acuciante, como la trata de personas, que roza a la protagonista adolescente, Elisa Viltes.

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“El arte acompaña hasta donde puede –dijo entonces la escritora, en relación al tema de la trata-. Lo que espanta es la complicidad de la sociedad: que tanta gente sepa lo que pasa y casi nadie haga nada.” Otros de sus libros más celebrados –varios de ellos fueron traducidos al alemán, francés, holandés, japonés, polaco, inglés e italiano- son Memorias impuras y Presagios de carnaval.

Entre otros reconocimientos, había sido honrada en 2004 y 2014 por la Fundación Konex, que le otorgó el Diploma al Mérito y, en 2014, el Premio Konex de Platino. En mayo de 2016 recibió el título Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo, donde se formó, e integró a su vez la prestigiosa lista “The White Ravens” (otorgada por el International Board on Books for Young People, IBBY), en dos oportunidades, 2002 y 2013. Aunque la enorgullecían los premios, lo suyo no era la vanidad. Quienes la conocieron, ayer destacaban su calidez y generosidad.

En los últimos meses, se había dedicado a completar la tercera parte de Tiempo de dragones, otra de sus sagas, cuyo lanzamiento estaba previsto para la Feria del libro de este año.