Novela colectiva en Internet

Párrafo 1: Raul Acosta  (Miami)

Han pasado ya tres  meses desde que María Oliva hizo la promesa de eliminar  aquellos dos hermosos salvavidas ubicados en contra de su voluntad entre sus senos y caderas. Ese día cumplió 37 años y para una mujer tan joven ostentar esa evidencia era una imperdonable actitud de abandono.

Cuando hizo “el firme compromiso” de eliminar todas las carnes rojas, el pan, las galletas, los helados, los bombones y el azúcar” todos se miraron, fruncieron el ceño y no le creyeron ni una sola palabra. Era lógico, esta era la vigésima ocasión que decía lo mismo:

-A partir de mañana, lo juro por mi madre, que en la gloria esté, que en esta casa no entra ni uno solo de  esos alimentos que acabo de mencionar. Ellos son los culpables, y lo que es por mí, mañana mismo pueden eliminar del planeta las vacas, los terneros, los campos de papas, las fábricas de azúcar  y…

Párrafo II. Escrito por Román Rodríguez Placeres.  (Canadá)

Para ella  no fue difícil hacer aquel compromiso consigo misma; era una promesa, pues todos los años, después  de las fiestas de Nochebuena y Navidad se daba grandes atracones con toda clase de dulces y bebidas. Al principio, como toda mujer caribeña de origen afro-hispana, se sentía feliz de las redondeces que adornaban su hermoso cuerpo, especialmente aquellas que adornaban sus glúteos rotundos, testigos mudos de su mezcla con sangre africana e hispana  que le habían dado sus hermosas piernas.

Marivi, como le decían sus amigas, era una mulata cubana que al nacer se rompió  el molde con que la hicieron convirtiéndola en una pieza artesanal única.

Su presencia era causa de comentarios por dondequiera que pasaba. La gente la calificaba con palabras que iban de la divinización que la convertían en una diosa terrenal, proferidas especialmente por los hombres reunidos en las esquinas del barrio, hasta las más  soeces provenientes de las mujeres que veían en ella una rival demasiado dotada  para competir con ella.

Siempre decía, parafraseando el dicho cubiche de ” si Dios me lo dio que San Pedro me lo bendiga y  si lo tengo en el medio es para mí remedio” y seguía andando como si con ella no fuera.

Se sentía feliz porque en el fondo sabio que esa la dote que le permitiría subir los escalones del bienestar material que tanto ansiaba y por el que no quería sacrificarse demasiado y ponerse vieja.

Párrafo # 3. Enviado por Rafael Omar Pérez Valdés 29 de julio de 2010 a las 21:02  (Costa Rica)

Lo cierto es que ahora estaba decidida, la parte física sobrante estaba allí y era una realidad que dentro de unos años lo que hoy parece voluminoso serían colgantes desagradables. Sin embargo no solo le bastaba su convicción, hacía falta un poco más que eso, dinero, mucho dinero, para empezar la cita con el cirujano plástico que decidiría qué hacer y el monto exacto de la suma de cada operación.

Lo primero del plan sería guardar secreto absoluto del tema pues esto garantizaría cualquier forma posible de adquirir fondos, una empleada doméstica ocasional jamás imaginaría en convertirse en una Latin-Cher, diva que Mariví ha seguido como su fan más allegada desde que puso un pie en La Florida al desembarcar en Mayo de 1980 con apenas 7 años.

Pasaron varia noches de insomnio hasta que una madrugada el ruido del aire acondicionado con desperfectos le rompió su frágil sueño de fantasías, tal Narcisa en un espejo vio muy claro que su Ochún le hacía propuestas muy indecorosas pero atractivas para su plan….

Párrafo IV Escrito por Jorge Lorenzo  (Miami)

Jorge Lorenzo ha hecho unas CON CORRECCIONES a su párrafo IV. Queda así:
De un salto quedo sentada al borde de la cama y frente al espejo, el haz de luz que producía una común lámpara callejera, cobraba especial dimensión después de ser filtrado por la rendija de su vieja ventana al posarse con tonos azulados sobre la punta de su seno derecho. Estaba sudando mucho, y su bata de piket amarillo pálido con la que acostumbraba dormir, se adhería a su cuerpo como una segunda piel mostrando toda la sensualidad de sus femeninas curvas. Deslizo suavemente dos de sus dedos entre las piernas y al final se encontró con la viscosidad de otro fluido que no era sudor y que lubricaba abundantemente sus dedos los que no podía dejar de mover, entonces interpuso la palma de su otra mano entre el pezón y la luz, la que con un pequeño movimiento horizontal de derecha a izquierda dejaba que la acariciara intermitentemente. Alzo la vista hacia el espejo y se vio esplendida, entonces comenzó a acariciar con la lengua sus gruesos labios de puma rosa… Ay! Dios mío! gritaba suave y plácidamente a su propia imagen mientras disfrutaba de aquel momento de plenitud, Ay! Dios… Ay! gritaba a punto de conseguir el orgasmo y su puntiagudo pezón lleno de esplendor, al que por un instante se aferró con un certero mordisco el rayo de luz que la hacía sentir plena, ahora era el centro de su delirio. No había mujer más sensual y bella que la que su espejo mostraba entre flujos, sudores y aquella asquerosa imagen llena de belleza y regocijo. Tres golpes secos en la puerta le devolvieron los salvavidas que tanto odiaba, en un instante desapareció la magia, volvió a descubrirse gorda, sudada y con peste a rancio…

Párrafo V. Escrito por Alexei Dumpierre  (Brasil)

Ahora estaba arrodillada en la sala de la casa. En el espejo que se erguía sobre la repisa donde, junto a cuatro velas encendidas, estaba la rústica estatuilla de la Caridad del Cobre, contemplaba las flácidas carnes que comprometían su figura. El timbre de la puerta sonó. Sintió un inmenso sobresalto y el corazón emprendió una corrida a desboque, sin riendas para controlarlo.
-                   ¿Eres tú María Olivia? – Le preguntó el criollo al abrir la puerta.
-                   Si. ¿Juliana me mandó los frijoles?
-                   Bueno, están aquí. Pero debo decirte que las cosas no andan bien. Tuve que esconderme de la policía para traer estos dos kilogramos.
-                   Bueno, pero acaba de una vez. ¿Cuánto te debo?
-                   Ha sido un riesgo enorme. Son cincuenta dólares.
-                   ¿Pero cómo? ¡Ella me dijo que saldría más barato!
-                   Mira, entonces me voy. No hay nada que hablar.
-                   Espera, creo que tengo unos “fulas” guardados.
Cerró la puerta y abrazó el paquete. Volvió a mirarse en el espejo y sonrió complacida. Abrió el bulto bien envuelto y antes que todo leyó la nota que lo acompañaba:
“Mi amiga. Te mando los dos kilos de frijoles. Tienes primero que encender las velas y después desparramarlos por el piso. Reza la oración que te enseñe y en pié, doblando el cuerpo, recoge uno por uno y ve colocándolo en la cazuela de barro con la sangre de tu menstruación. Un abrazo”

(-Sigue tu ahora esta historia y chequéala mañana en Artistasmiami.com)

Párrafo VI   Escrito por Raul Acosta  (Miami)

De no haber sido por el ruidoso timbre del despertador, aquella pesadilla hubiera durado toda la noche. En lo más profundo de su conciencia se unían su experiencia vital y las largas historias de su angustiosa vida que le contaban familiares y amigos emigrados a Miami desde la Isla mediante el sorteo de la lotería de visas o arriesgándose a cruzar el estrecho navegando sobre una balsa.

El despertar le trajo la tranquilidad. Bebió un vaso de agua a temperatura ambiente y se sonrió al tomar conciencia de que aquellas historias no formaban parte de su existencia. Había salido de Cuba cuando tenía solo 7 años y ya no recordaba casi nada de esa etapa, y en ocasiones, hasta  le costaba atrabajo expresarse en español.

Ya era casi la hora de irse a trabajar. Se atavió con su holgado traje de asistente nocturna en el viejo hospital de las afueras de la ciudad, y mientras observada el variopinto paisaje nocturno por donde se desplaza el autobús, recordó el sueño, al pobre hombrecillo criollo que portaba la pesada carga de frijoles y la referencias de una ancestral fe religiosa que la perseguía a pesar de sus intentos por “civilizarse”

(-Sigue tu ahora esta historia y chequéala mañana en Artistasmiami.com)

Párrafo VII. Autor Román Rodríguez. (Canadá)

En realidad Marivi no creía en nada de aquello relacionado con las brujerías. Le habían costado muy caro los frijoles para andar tirándolos por el piso, pero esa era la única forma que tuvo para obtenerlos, además toda aquella cosa relacionada  con su menstruación  le daba asco y no  comprendía como la gente podía creer en esas cosas tan primitivas, lo mismo que cuando el  cura  se daba sus tragos de buen vino diciendo que era la sangre de Jesús.

Marivi no apartaba  de su mente el deseo de hacer  el amor con alguien que también la apreciara por sus valores como ser humano y no solamente por sus atractivos sexuales. Detestaba a quienes se le acercaban solo con el objetivo de disfrutar de sus carnes opulentas.

En el barrio todos creían poder tener acceso a ella, como si fuera un tintero de biblioteca donde todo el  mundo llega y moja su pluma para escribir su nombre. Ella sabía que Dios había castigado a Onan por sus vicios que fueron producto de sus convicciones morales que lo llevaron a derramar  su semen  sobre la tierra antes que poseer la mujer  de su hermano. Pero solo en sueños aquellas cosas  se producían y detestaba hasta recordarlo.

Su cuerpo ella lo amaba y por eso quería mejorarlo, todo lo que fuera posible, no era tan gorda ni tan repulsiva ni su cuerpo olía a rancio como decía Lorenzo el gallego homosexual que vivía envidioso de  su imagen de mujer bella codiciada por todos.

Hacia unos días se había encontrado con Diego Dalmau, el dueño de la tintorería que siempre estaba regalando vestidos dejados allí por algunas clientas, solo con la exigencia que se los probaran delante de él en la trastienda  de la tintorería.

Ella lo complacía porque en realidad eran ropas de buena calidad que con muy pocos retoques podía utilizarlos para vestirse.

Dalmau estaba loco con ella desde que era muy jovencita, y aparte de aquella exigencia de vestirse delante suyo, justificándola que era para  ver si le quedaba bien nunca había tratado de  abusar de ella   ni de  acercarse sabiendo que Marivi de cierto modo se sentía  bien con él. Ese día le regalo un vestido verde jade de seda que había dejado allí la famosa Marquesa  Gil de Gibaja.

Marivi al ver que sus gorditos laterales hacían difícil ponérselo y  deformaban el bello vestido, diseñado espacialmente para la Marquesa, comenzó a quejarse diciendo que tenía que liberarse de aquellas masas con una liposucción pero que no sabía de dónde  sacar el dinero necesario.

Dalmau, la oyó  y  le dijo que si ella no tenía el dinero era porque no quería,  pues él estaba dispuesto a ayudarla como forma de demostrarle  todo lo que sentía por ella.  Marivi lo oyó tranquilamente pero se sintió inquieta por dentro pensando hasta donde podía llegar para realizar sus deseos.

Ahora a solas pensaba en eso muy seriamente y se decía porque no.  Dalmau no era un hombre totalmente despreciable solo que su cultura era muy diferente a la suya de cubana  rellolla. Dalmau era un catalán orgulloso de  sus  orígenes y de las obras de  Gaudí de las que ella no sabía  ni pio. Cuando él se las mostro  en fotos le pareció una cosa de locos con edificios totalmente deformados y aquella catedral que parecía no se terminaría nunca, además cuando se ponía molesto comenzaba a hablar una jerigonza que no había dios que lo entendiera con sus jotas y su erres y el ceceo todo mezclado.

De todas maneras todavía le quedaba el recurso de la dieta que se había impuesto y seguiría buscando la solución que sabía que tarde o temprano encontraría.

(-Sigue tu ahora esta historia y chequéala mañana en Artistasmiami.com)



5 Responsesto “Novela colectiva en Internet”

  1. Parrafo 6. Autor Roman Rodriguez.

    En realidad Marivi no creía en nada de aquello relacionado con las brujerías. Le habían costado muy caro los frijoles para andar tirándolos por el piso, pero esa era la única forma que tuvo para obtenerlos, adema toda aquella cosa relacionada con su menstruación le daba asco y no comprendía como la gente podía creer en esas cosas tan primitivas, lo mismo que cuando el cura se daba sus tragos de buen vino diciendo que era la sangre de Jesús.
    Marivi no apartaba de su mente el deseo de hacer el amor con alguien que también la apreciara por sus valores como ser humano y no solamente por sus atractivos sexuales.
    Detestaba a quienes se le acercaban solo con el objetivo de disfrutar de sus carnes opulentas.
    En el barrio todos creían poder tener acceso a ella,como si fuera un tintero de biblioteca donde todo el mundo llega y moja su pluma para escribir su nombre. Ella sabía que Dios había castigado a Onan por sus vicios que fueron producto de sus convicciones morales que lo llevaron a derramas su semen sobre l tierra antes que poseer la mujer de su hermano. Pero solo en sueños aquellas cosas se producían y detestaba hasta recordarlo.
    Su cuerpo ella lo amaba y por eso quera mejorarlo, todo lo que fuera posible, no era tan gorda ni tan repulsiva ni su cuerpo olía a rancio como decía Lorenzo el gallego homosexual que vivía envidioso de su imagen de mujer bella codiciada por todos.
    Hacia unos días se había encontrado con Diego Dalmau, el dueño de la tintorería que siempre estaba regalando vestidos dejados allí por algunas clientas, solo con la exigencia que se los probaran delante de él en la trastienda de la tintorería.
    Ella lo complacía porque en realidad eran ropas de buena calidad que con muy pocos retoques podía utilizarlos para vestirse.
    Dalmau estaba loco con ella desde que era muy jovencita, y aparte de aquella exigencia de vestirse delante suyo, justificándola que era para ver si le quedaba bien nunca había tratado de abusar de ella ni de acercarse sabiendo que Marivi de cierto modo se sentía bien con él. Ese día le regalo un vestido verde jade de seda que había dejado allí la famosa Marquesa Gil de Gibaja.
    Marivi al ver que sus gorditos laterales hacían difícil ponérselo y deformaban el bello vestido, diseñado espacialmente para la Marquesa, comenzó a quejarse diciendo que tenía que liberarse de aquello masas con una liposucción pero que no sabía de dónde sacar el dinero necesario.
    Dalmau , la oyó y le dijo que si ella no tenía el dinero era porque no quería, pues él estaba dispuesto a ayudarla como forma de demostrarle todo lo que sentía por ella.
    Marivi lo oyó tranquilamente pero se sintió inquieta por dentro pensando hasta donde podía llegar para realizar sus deseos.
    Ahora a solas pensaba en eso muy seriamente y se decía porque no.
    Dalmau no era un hombre totalmente despreciable solo que su cultura era muy diferente a la suya de cubana rellolla. Dalmau era un catalán orgulloso de sus orígenes y de las obras de Gaudí de las que ella no sabía ni pio. Cuando él se las mostro en fotos le pareció una cosa locos con edificios totalmente deformados y aquella catedral que parecía no se terminaría nunca, además cuando se ponía molesto comenzaba a hablar una jerigonza que no había dios que lo entendiera con sus jotas y su erres y el ceceo todo mezclado.
    De todas maneras todavía le quedaba le recurso de la dieta que se había impuesto
    Y seguiria busacando la solucion que sabia que tarde o temprano encontraria.

  2. Alexei Dumpierre dice:

    Novela colectiva en Internet
    Posted por reportero on Jul 27, 2010 in Escritores | 1 comment
    Párrafo 1:
    Han pasado ya tres meses desde que María Oliva hizo la promesa de eliminar aquellos dos hermosos salvavidas ubicados en contra de su voluntad entre sus senos y caderas. Ese día cumplió 37 años y para una mujer tan joven ostentar esa evidencia era una imperdonable actitud de abandono.
    Cuando hizo “el firme compromiso” de eliminar todas las carnes rojas, el pan, las galletas, los helados, los bombones y el azúcar” todos se miraron, fruncieron el ceño y no le creyeron ni una sola palabra. Era lógico, esta era la vigésima ocasión que decía lo mismo:
    -A partir de mañana, lo juro por mi madre, que en la gloria esté, que en esta casa no entra ni uno solo de esos alimentos que acabo de mencionar. Ellos son los culpables, y lo que es por mí, mañana mismo pueden eliminar del planeta las vacas, los terneros, los campos de papas, las fábricas de azúcar y…
    Párrafo II. Escrito por Román Rodrigúez Placere.
    Para ella no fue dificil hscer aquel compromiso consigo misma, era una promesa, pues todos los años,despues de sl fiestas de Nochebuen y Navidad en las que daba grandes atracones con toda clase de dulces y bebidas.
    Al principio como toda mujer caribeña de origen afro-hispana se sentia feliz de las redondeces que adornaban su hermoso cuerpo, especialmente aquellas que adornaban sus gluteos rotundos, testigos mudos de su mezcla con sangre africana y las hispana que le habaia dado sus hermosas piernas.
    Marivi, como le decian sus amigas era una mulata cubana que al nacer se rompio el molde conque la hicieron convirtiendola en una pieza artesanal unica.
    Su presencia era causa de comentarios por dondequiera que pasaba.
    La gente la calificaban con palabras que iban de la divinizacion, que la convertian en una diosa terrenal, proferidas especialmente por los hombres reunidos en las esquinas del barrio, hasta las mas soeces provenientes de las mujeres que veian en ella una rival demasiado dotada para competir con ella.
    Siempre decia, parafraseando el dicho cubiche de ” si Dios me lo dio que San Pedro me lo bendiga y si lo tengo en el medio es para mi remedio” y seguia andando como si con ella no fuera.
    Se sentia feliz porque en el fondo sabia que esa la dote que le permitiria subir los escalones del bienestar material que tanto ansiaba y por el que no queria sacrificarse demasiado y ponerse vieja.
    (-Sigue tu ahora esta historia y chequéala mañana en Artistasmiami.com)
    Ahora estaba arrodillada en la sala de la casa. En el espejo que se erguía sobre la repisa donde, junto a cuatro velas encendidas, estaba la rústica estatuilla de la Caridad del Cobre, contemplaba las flácidas carnes que comprometían su figura. El timbre de la puerta tocó. Sintió un inmenso sobresalto y el corazón emprendió una corrida a desboque, sin riendas para controlarlo.
    - ¿Eres tú María Olivia? – Le preguntó el criollo al abrir la puerta.
    - Si. ¿Juliana me mandó los frijoles?
    - Bueno, están aquí. Pero debo decirte que las cosas no andan bien. Tuve que esconderme de la policía para traer estos dos kilogramos.
    - Bueno, pero acaba de una vez. ¿Cuánto te debo?
    - Ha sido un riesgo enorme. Son cincuenta dólares.
    - ¿Pero cómo? ¡Ella me dijo que saldría más barato!
    - Mira, entonces me voy. No hay nada que hablar.
    - Espera, creo que tengo unos “fulas” guardados.
    Cerró la puerta y abrazó el paquete. Volvió a mirarse en el espejo y sonrió complacida. Abrió el bulto bien envuelto y antes que todo leyó la nota que lo acompañaba:
    “Mi amiga. Te mando los dos kilos de frijoles. Tienes primero que encender las velas y después de esparramarlos por el piso. Reza la oración que te enseñe y en pié, doblando el cuerpo, recoge uno por uno y ve colocándolo en la cazuela de barro con la sangre de tu menstruación. Un abrazo”

  3. Alexei Dumpierre dice:

    Ahora estaba arrodillada en la sala de la casa. En el espejo que se erguía sobre la repisa donde, junto a cuatro velas encendidas, estaba la rústica estatuilla de la Caridad del Cobre, contemplaba las flácidas carnes que comprometían su figura. El timbre de la puerta tocó. Sintió un inmenso sobresalto y el corazón emprendió una corrida a desboque, sin riendas para controlarlo.
    - ¿Eres tú María Olivia? – Le preguntó el criollo al abrir la puerta.
    - Si. ¿Juliana me mandó los frijoles?
    - Bueno, están aquí. Pero debo decirte que las cosas no andan bien. Tuve que esconderme de la policía para traer estos dos kilogramos.
    - Bueno, pero acaba de una vez. ¿Cuánto te debo?
    - Ha sido un riesgo enorme. Son cincuenta dólares.
    - ¿Pero cómo? ¡Ella me dijo que saldría más barato!
    - Mira, entonces me voy. No hay nada que hablar.
    - Espera, creo que tengo unos “fulas” guardados.
    Cerró la puerta y abrazó el paquete. Volvió a mirarse en el espejo y sonrió complacida. Abrió el bulto bien envuelto y antes que todo leyó la nota que lo acompañaba:
    “Mi amiga. Te mando los dos kilos de frijoles. Tienes primero que encender las velas y después desparramarlos por el piso. Reza la oración que te enseñe y en pié, doblando el cuerpo, recoge uno por uno y ve colocándolo en la cazuela de barro con la sangre de tu menstruación. Un abrazo”

  4. Parrafo IV Escrito por Jorge Lorenzo
    De un salto quedo sentada al borde de la cama y frente al espejo, el haz de luz que producia una comun lampara callejera, cobraba especial dimension despues de ser filtrado por la rendija de su vieja ventana al posarse con tonos azulados sobre la punta de su seno derecho. Estaba sudando mucho, y su bata de piket amarillo palido con la que acostumbraba dormir, se adheria a su cuerpo como una segunda piel mostrando toda la sensualidad de sus femeninas curbas. Deslizo suavemente dos de sus dedos entre las piernas y al final se encontro con la vizcocidad de otro fluido que no era sudor y que lubricaba abundantemente sus dedos los que no podia dejar de mover, entonces interpuso la palma de su otra mano entre el pezon y la luz, la que con un pequeno movimiento horizontal dejaba que la acariciara intermitentemente. Alzo la vista hacia el espejo y se vio explendida, entonces comenzo a acariciar con la lengua sus gruesos labios puma rosa… Ay! Dios mio! gritaba suave y placidamente a su propia imagen mientras disfrutaba de aquel momento de plenitud, Ay! Dios… Ay! gritaba a punto de conseguir el orgasmo a su puntiagudo peson al que por un instante se eferro con un certero mordisco el rayo de luz que la hacia sentir plena dejandolo pasar definitivamente entre sus dedos. No habia mujer mas sensual y bella que la que su espejo mostraba entre flujos, sudores y aquella asquerosa imagen llena de belleza y regocijo. Tres golpes secos en la puerta le devolvieron aquellos salvavidas que tanto odiaba, en un istante desaparecio la magia,
    y volvio a descubrirse gorda, sudada y hasta con peste a rancio… Si, quien es?, respondio sobresaltada quedando expectante frente a la puerta…

  5. Para ella no fue dificil hscer aquel compromiso consigo misma, era una promesa, pues todos los años,despues de sl fiestas de Nochebuen y Navidad en las que daba grandes atracones con toda clase de dulces y bebidas.
    Al principio como toda mujer caribeña de origen afro-hispana se sentia feliz de las redondeces que adornaban su hermoso cuerpo, especialmente aquellas que adornaban sus gluteos rotundos, testigos mudos de su mezcla con sangre africana y las hispana que le habaia dado sus hermosas piernas.
    Marivi, como le decian sus amigas era una mulata cubana que al nacer se rompio el molde conque la hicieron convirtiendola en una pieza artesanal unica.
    Su presencia era causa de comentarios por dondequiera que pasaba.
    La gente la calificaban con palabras que iban de la divinizacion, que la convertian en una diosa terrenal, proferidas especialmente por los hombres reunidos en las esquinas del barrio, hasta las mas soeces provenientes de las mujeres que veian en ella una rival demasiado dotada para competir con ella.
    Siempre decia, parafraseando el dicho cubiche de ” si Dios me lo dio que San Pedro me lo bendiga y si lo tengo en el medio es para mi remedio” y seguia andando como si con ella no fuera.
    Se sentia feliz porque en el fondo sabia que esa la dote que le permitiria subir los escalones del bienestar material que tanto ansiaba y por el que no queria sacrificarse demasiado y ponerse vieja.

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