Poemas para volver

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Poemas para volver

Por Raúl Rivero
El poeta y periodista Raúl RiveroEsta es otra historia de un poeta del Caribe. Casi sin resonancias, sin títulos académicos, ni despachos de prensa. Un hombre que rebana su pan del desayuno en la espantosa soledad de un barrio atiborrado de personas indiferentes. Alguien que espera el almuerzo como un acontecimiento trascendental para darle contenido a otro día de exilio. Un exilio del que sólo se tienen noticias de la fecha de inicio.

Es el poeta, periodista y novelista Bernardo Marqués, un habanero sin ciudad y sin consuelo porque hace 20 años que no puede pasar frente a un solar que está en la calle Diaria (en el número 14) de La Habana Vieja. Allí nació hace más de 60 años y dice que, por mucha imaginación que ponga cuando pasea a su perro (que se llama Guillermo Rodríguez), no puede asociar aquel barrio con el sitio donde vive ahora, una zona de Miami que el español de los cubanos ha convertido en este sonido: Jayalía.

En esos playazos difíciles donde lee a Miguel Hernández y a Machado, a César Vallejo y a Juan Gelman, Marqués escribió los poemas de su libro He aquí el cuerpo, que acaba de publicar la editorial Iduna, allá en el sur de La Florida.

Son versos musicales y fluidos, escritos con el dominio total de la palabra y la ausencia de frenos y cauces para la pasión. Se leen y, a veces, uno tiene la impresión de que hay alguien que te cuenta casi a gritos episodios de su vida. En otras hojas hay un poco de paz y unos bolerones con alma de tango que se presentan como sonetos.

Es un libro conmovedor en el que viven los fantasmas de dos cuadernos anteriores, Donde habito y Sin margen y sin fecha, publicados en Cuba. Como se trata de una especie de autobiografía fragmentada, es natural que aparezca a menudo el personaje central de su novela Balada del barrio, una recreación de la infancia del autor en La Habana prohibida ahora por la dictadura.
Supongo que Marqués prefiere la pena porque siempre es mucho más intensa que la nada, pero este libro le ha dado ciertas compensaciones. Han llegado desde la comunidad donde vive y desde otros sitios. Notas críticas y recepciones favorables para una poesía que suele cantar la canción de mucha gente que no puede regresar a ver, aunque sea, las ruinas de su pasado.

Apuntes como el del poeta Juan Cueto, el sereno vecino de otra playa. El dice que se trata de una poesía viva y profunda, de fácil acceso y disfrute, virtudes rara vez encontradas en libros de peso y envergadura como He aquí el cuerpo.

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